16 May

¿Qué pasa con nuestros neumáticos fuera de uso?

Cada año, más de 1.000 millones de neumáticos de todo el mundo terminan en la basura. Solamente en España, en 2014 se desecharon 230.000 toneladas de neumáticos. La mayor cantidad de estos neumáticos se gestionan de forma adecuada pero hay una parte que se pierde por el camino.

El negocio de reciclaje de neumático es complejo y desde 2006 gestionado únicamente por dos entidades. Antes de esa fecha, el almacenamiento y la reutilización generaba muchos beneficios, y por esta razón muchas empresas, como la que gestionaba el vertedero de Seseña que ardió el pasado viernes, se dedicaban a la compra y venta de neumáticos usados en lugar de seguir la vía más ecológica.

Los llamados cementerios de neumáticos fueron declarados oficialmente ilegales a partir de 2006, con el Real Decreto 1619/2005, que impulsó la medida con el objetivo de paliar el problema medioambiental que conlleva depositar miles y miles de neumáticos al aire libre con los riesgos que conlleva. La normativa establece un mecanismo de reciclaje obligatorio de neumáticos utilizados a través de un proceso en dos líneas.

Gestión de NFU

Esquema de la gestión de NFU. Fuente: TNU

Puede ocurrir que el neumático pueda vuelva a tener vida propia. Dos entidades privadas, Signus y TNU, con los llamados sistemas integrados de gestión, son los que establecen si un neumático es apto para ser reutilizados o tiene que ser reciclado. Si puede ser recauchutado, es decir, reparado, podrá volver a la carretera, siempre y cuando cumpla los mismos estándares de calidad de las ruedas nuevas. Los neumáticos más grandes, por su valor, son los que suelen recuperarse con mayor frecuencia. Cada año las ruedas usadas que tienen nueva vida son unas 300.000 en los coches, y unas 600.000 para camiones y autobuses, según datos facilitados por la Asociación Española de Neumáticos Reciclados.

Si las gestoras detectan que el neumático no tiene ningún futuro porque está muy deteriorado, tiene que ser reciclado. Se aplicará un proceso de destrucción y descontaminación que llevará a la rueda a convertirse en calzado, guantes o césped artificial. Solo cuando es imposible este tratamiento, Signus y TNU envían las ruedas a la quema: «De esta forma, se obtiene energía, pero se trata de la última vía que se emprende para la eliminación del neumático», informan desde TNU.

A lo largo de este proceso las gestoras obtienen unos beneficios, tanto por la venta de los materiales como por el cobro de un impuesto (un euro) a los conductores por cada neumático que dejan en el taller, apuntan expertos del sector. Se trata de recursos que se destinan al mantenimiento de las estructuras de descontaminación y a la estructura misma de la entidad, y que tiene el efecto indirecto de anular casi en su totalidad el mercado subalterno de compra y venta de neumáticos usados.

«Es un mecanismo que funciona muy bien», considera Miguel Ángel Cuerno, presidente de la Asociación Nacional de Recambistas del Automóvil (ANCERA) y de la Organización Profesional de Especialistas del Neumático (OPEN). Cuerno especifica que el problema se da cuando son los mismos usuarios los que empiezan a sortearlos. Esto ocurre cuando en lugar de ir a los talleres, los conductores compran ruedas por Internet o en los supermercados, para ahorrarse el coste de la mano de obra en un taller, detalla. «Si un particular compra neumáticos por Internet, ¿dónde dejará los viejos? Los dejará donde no debe: en ríos, descampados o vertederos ilegales», señala.

Fuente: El País

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